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Solicitud de alta en el directorio de traductores-intérpretes jurados

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Sálvame De Luxe

Si por algo me gusta mi profesión es por el cotilleo inocente. Los entresijos familiares que descubres entre partidas de nacimiento, actas matrimoniales, testamentos y demás:

salvame-deluxe“Uy, vaya: si esta persona nació en tal fecha y sus padres en tal otra, tuvieron al niño con tal edad. ¡Y solteritos!” “Fíjate: pero si estos hermanos tienen padres distintos…” “¡Mira, mira! Pero si se casó a los tal en segundas nupcias con alguien 20 años más joven…” Cotilleo, puro y duro. ¡Me chifla!

Una vez incluso traduje la partida de nacimiento de alguien con madre desconocida y padre con nombre y apellidos. Que es el más difícil todavía ya.

Los líos empresariales también molan. A poco que seas observadora, detectas detallitos que ¡ya, ya…!

Y es que traducir es un acto íntimo de recreación, pero, generalmente, aburrido. Y cada una se procura el entretenimiento de las maneras más diversas.

 

Entre documentos civiles, mercantiles y demás, a veces surgen nombres que te suenan y no acabas de ubicar. Hasta que atas cabos: “Los socios de esta empresa son, curiosamente, todos jugadores del mismo equipo de fútbol de la primera división nacional. A ver cuánta pasta invierten…” “Esta señora que quiere legalizar su matrimonio está casada con este otro jugador de fútbol. ¡Vaya, vaya; menudo pibón se busco el muy feúcho!” “El señor que me acaba de llamar es el presidente de tal grupo editorial; ¡qué educado parecía!”

Y los que se nos pasarán desapercibidos, que no podemos saberlo todo.

Cierto día me telefoneó una señora para solicitar la traducción de documentación académica para proseguir estudios en el extranjero. Tenía que traducir un expediente y blablablá.

Así que me encargó el trabajo y quedó en pasar a recoger en la fecha acordada.

Cuando me envían los documentos por fax o correo electrónico, pido siempre que me traigan la documentación original en el momento de la recogida, a fin de poder cotejarla.

Mas hete aquí que no vino a recoger la señora, sino un señor. Y era un señor muy, muy nervioso, que parecía un león encerrado en su jaula dando zancadas por mi minúsculo despacho:

Caballero, ¿me ha traído Ud. el documento original para cotejar?

— Ay, no, no; a mí no me dijeron nada…

Y la cuestión es que, a pesar de que se movía un montón, a mí el tipo me sonaba. Su cara, su voz… Bue… Yo le di los retoques finales al trabajo, imprimí, firmé y sellé y, tras el pago (detalle importante), el león enjaulado se fue por donde había venido.

Así como oigo el golpe de la puerta al cerrarse, mi cerebro termina de procesar: ¡Águila Roja!

Era aquella la época de máximo esplendor de la ficción televisiva sobre el espadachín ninja del Siglo de Oro español y el señor nervioso era uno de sus personajes principales. La serie en sí está plagada de actores gallegos y este, en concreto, es de la zona de Vigo.

Que yo lo conocía de otras series y de pelis muy laureadas, pero comprendo que el señor estuviese abrumado por su popularidad televisiva, más masiva.
Pero, a pesar de que comparto despacho con otras cuatro traductoras, ninguna lo conocía de nada ni se dio cuenta de quién era. Lo siento, caballero: no somos fans de Águila Roja. Así que su baile de San Vito fue un derroche de energía innecesario.

Sobre el autor: Ángela Sola Bravo de Vigo, es desde 1999 traductora intérprete jurada de portugués y traductora intérprete de gallego e inglés. Esta especializada en las traducciones jurídicas, legales y financieras, y también proporciona asesoramiento sobre los trámites relacionados con la traducción jurada. Puedes contactarla ahora.


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