¿Eres TIJ?

Solicitud de alta en el directorio de traductores-intérpretes jurados

La inclusión de datos está sujeta a revisión. La publicación está destinada exclusivamente a los traductores-intérpretes jurados nombrados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y las autoridades autonómicas con competencia para ello en España.


Si quieres aumentar tu exposición en la búsqueda, añade el idioma o idiomas de habilitación, siguiendo este ejemplo: Juan Nadie, inglés, francés, alemán



Escribe lo que consideres relevante para tu presentación. Recuerda que si estás habilitado para varios idiomas puedes incluir aquí esta información.




Introduce la fecha de tu nombramiento, por ejemplo: 30 de octubre de 2001.



Escribe tu dirección de forma que la identifique el sistema de Google Maps. No pongas "c/Alcalá,80" sino "Alcala, 80, 28080 Madrid, España".


Indica, si lo deseas, tu sitio web. Formato de ejemplo: http://maec.es .

Importante: el sistema está procesando tus datos. Puede tardar. Espera hasta que veas la confirmación

Idiomas

¡Policía! Tiene derecho a interpretación jurada

La interpretación jurada es una profesión plagada de aventuras y emoción en la cual nunca un día es igual a otro. La primera vez que solicitaron mis servicios en condición de intérprete jurada fue para interpretar a las prostitutas de nacionalidad brasileña detenidas durante una redada en un puticlub. Que, en realidad, no estaban detenidas, sino que eran posibles víctimas y testigos de un delito de proxenetismo y explotación sexual.

interpretes-judicialesLas chicas en cuestión eran ciento y la madre y a mí me llamaron del juzgado “urgentísimo”, que tenían que tomarles declaración a todas antes de las 3 de la tarde.

Es curioso esto de “urgente” en nuestro sector: es unidireccional y solo aplica a la parte que nos compete, nunca a los trámites previos o posteriores.

Pues allí estábamos yo, la intérprete de ruso, que era también una intérprete profesional y, luego, había una chica que cubría cualquier otra opción lingüística. Se trataba simplemente de una inmigrante centroeuropea a la cual una asociación pro derechos de las mujeres enviaba para darles un mínimo amparo lingüístico a las chicas. Carecía de mayor formación, pero sabía cuatro palabritas de inglés y alguna más de los idiomas con los que tenía contacto en su país de origen.

Y ¡menos mal! Según me contó esta chica, en la mayoría de los casos usan a la prostituta más espabilada como intérprete de todas las demás. Siempre habrá alguna que controle un poquito de español, un poquito de rumano, un poquito de portugués…

Entre las chicas brasileñas había una que era la monda. A cada pregunta alteraba su respuesta: donde dije digo, digo Diego. “Pero, ¡chica! ¡Que eres brasileña y esto es Vigo! Que te ponen interpretación jurada más porque tienes derecho a ello que porque no te entiendan. No puedes decir que no has dicho lo que has dicho, porque lo acabas de decir y todos te hemos oído”. ¡Ay, en qué embolados nos vemos a veces!

En mi siguiente “redada” ya fui directamente a la comisaría, a comunicar órdenes de expulsión a chicas que hacían la calle. Es dura en muchas ocasiones la interpretación jurada: Prostitución, delincuencia, malos tratos… Pero tenemos que mantener el tipo e interpretar sin cambiar el gesto, oigamos lo que oigamos.

Llevaba yo un buen rato haciendo interpretación susurrada a las chicas, una por una, cuando al oficial de turno se le ocurre decirme: “Ay, no te acerques tanto, que todavía no han pasado la revisión médica”. Ah, pues gracias por decírmelo… ¡ahora! ¡Todo un detalle!

No hubo mayores consecuencias; ¡menos mal!

traduccion juradaEn otra ocasión me llamaron de Extranjería para comunicar una orden de expulsión a un menor, aunque no estaban totalmente seguros de su edad. Lo habían parado por la calle y no llevaba papeles. Así que lo tenían retenido en los calabozos y hasta allí me bajaron a mí.Me dicen “Siéntate ahí un momento”. Pero eso no era un sillón, ¡era una trampa mortal! El asiento estaba roto y, según te sentabas, se hundía de un lado bajo tu peso y te quedabas encajada de tal forma que era imposible levantarse sin parecer Pepe Viyuela en su famoso número con la silla. “¡Uy, perdona! No me acordé de avisarte…” ¡¿Los polis son todos unos cachondos?! En fin…  

Estando ahí atascada empiezo a escuchar golpetazos metálicos muy violentos contra la puerta de uno de los calabozos, y una voz masculina que insultaba y amenazaba desaforadamente, con referencias muy explícitas hacia la progenitora del oficial de guardia: “Carcelero, hijo de puta; ábreme que te voy a rajar…” ¿A quién no convencerían semejantes argumentos?

Y el carcelero, en vez de apaciguar a la bestia, echaba más leña al fuego: “Cállate que te doy una h… Como te abra, ¡verás!” Y yo allí encajada y calibrando mentalmente si esa voz tenía algún deje brasileño, si podía ser de un chaval jovencito, si conseguiría yo zafarme a tiempo del sillón en caso de que el carcelero decidiese abrirle realmente o los empellones de aquel miura consiguiesen echar la puerta abajo. Incluso sopesaba de qué podía prescindir yo con tal de escapar: el bolso, el abrigo, una extremidad…

“Tranquila”, me decían. “Es solo boquilla. Es que está un poco trastornado por las drogas y el alcohol…” ¡Uy, supertranquilizador, sí! Pues no azuces, colega; no azuces. Acongojada me hallaba…

Y el miura insistía… Con la madre, con las obleas consagradas, con sus demostraciones de fuerza física…

Por fin trajeron al brasileño que, efectivamente, más de 20 años no tendría y era un encanto. Estaba medio asustado el pobre; yo creo que un poco también por su compañero de calabozos. Y agradeció mucho, mucho, encontrar a alguien que hablase su idioma y le explicase las cosas bien.

Pasa mucho: cuando los extranjeros encuentran a alguien que realmente habla su idioma, les explica los trámites y procedimientos, escucha sus cuitas (que siempre te las cuentan) y les dan soluciones claras y sencillas, ¡es que ven el cielo abierto!
Pues nada: se le comunicó la orden de expulsión al muchacho, se le dieron instrucciones y recomendaciones y, en cuanto pudimos, nos piramos. Yo antes que él y casi por patas.

Y otro día más; que, si lo cuento todo ahora, ¿qué nos queda para después de la publicidad?

Sobre el autor: Ángela Sola Bravo de Vigo, es desde 1999 traductora intérprete jurada de portugués y traductora intérprete de gallego e inglés. Esta especializada en las traducciones jurídicas, legales y financieras, y también proporciona asesoramiento sobre los trámites relacionados con la traducción jurada. Puedes contactarla ahora.


Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar su experiencia y nuestros servicios, analizando la navegación en nuestro sitio web. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en nuestra Política de Cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies