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Solicitud de alta en el directorio de traductores-intérpretes jurados

La inclusión de datos está sujeta a revisión. La publicación está destinada exclusivamente a los traductores-intérpretes jurados nombrados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y las autoridades autonómicas con competencia para ello en España.


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Las palabritas mágicas

Siendo este un punto de encuentro para traductores y traducidos, TI-J y clientes potenciales, no está de más poner las cartas sobre la mesa: no todo es siempre color de rosa en nuestras relaciones y a veces surgen asperezas y conflictos que solventamos de la mejor manera posible.

 

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El ingeniero Edward A. Murphy Jr. Míralo qué guapete con su uniforme.

Por ejemplo, el TI-J que comparece tarde al juicio o a la ceremonia civil será muy mal visto. El traductor que da un presupuesto que finalmente resulta ser equivocado —y a su favor— caerá fatal. Aquel profesional que no respeta los plazos de entrega… ¡Puff! Pone al cliente muy, muy nervioso. Etc.
Existen la dejadez, la desidia y la negligencia, sí; y también está el entrañable Murphy con su ley de probabilidades. Pero, normalmente, los TI-J somos excelentes profesionales, concienzudos y dedicados.
Los clientes, más o menos desorientados, encuentran en nosotros una luz que los guía en los procelosos trámites internacionales a los que se enfrentan. No obstante, todo el mundo se equivoca y, a veces, la elección de palabras por parte del contratante puede hacer saltar las alarmas y predisponer a la animadversión al traductor más abnegado e imperturbable:

  • –Me parece muy caro; hay quien me lo hace más barato.

¿Lo mismito y por menos? Pues dígame dónde, que yo también quiero. Puesto que estamos en el libre mercado, cada persona es libre de contratar sus servicios con quien le plazca y basándose en los criterios que considere: Relación calidad-precio, proximidad, disponibilidad de plazos, gusto por la colonia que usa el proveedor de servicios… Pero no digamos “caro”, porque normalmente esta afirmación se basa apenas en un importe que no hemos contrastado. Desconocemos la formación del TI-J, cuánto tiempo y dinero lleva invertidos en poder ofrecer el servicio que ofrece, qué prestaciones nos va a proporcionar por el presupuesto dado, en qué se basa para darnos ese precio… Mejor digamos “no es un presupuesto que quiera asumir”; es más sincero y objetivo; ¡y suena mucho mejor!

  • –Urgente; para ayer; para ya…

Urgente: Que urge; que se exige con apremio. […] Ya, ya, ya… Que una traducción jurada se califique como “urgente” significa que alguien, en alguna fase previa, se tomó las cosas con muuucha calma. Sí; hay imprevistos: una avería inesperada en el motor del pesquero hace que retrase su llegada al puerto y, en consecuencia, en vez de disponer del tiempo habitual para regularizar la situación de la carga, hay que darse más prisa. El pescado no espera. Vale. Pero, la licitación de una obra pública no se plantea de hoy para mañana. Una adopción no se tramita en 24 horas. Unos antecedentes penales tienen 90 días de vigencia. Son márgenes amplios como para que haya que forzar las máquinas con la traducción a última hora. Que a lo mejor el trabajo sale adelante, pero la calidad del documento final siempre se verá perjudicada. No obstante, contra el mal de la urgencia hay un antídoto súper-eficaz: el recargo de urgencia. Suele relajar los plazos sobremanera y lo “urgente” pasa a “me vale para …”.

  • –No tiene nada; es muy poco texto; es muy cortito; son cuatro líneas.

Terror y sudores fríos. Son cuatro líneas las que interesan, pero hay que traducirlo todo; y respetar el formato; y ser exhaustivos y veraces. ¡Y cuántas veces esas cuatro líneas no se han convertido en cuatro folios por arte de birlibirloque cuando llegan realmente a nuestra mesa de trabajo! O son cuatro líneas manuscritas hace 150 años; cuatro líneas acompañadas de una tabla cuajada de numeritos y con un formato complicadísimo; cuatro líneas densas en cuanto a contenido y difíciles de traducir como pocas… Por eso no conviene dar presupuesto sin ver el documento: lo normal es que nos pillemos los dedos y nos equivoquemos de medio a medio. Y al cliente no le hará ninguna gracia contar con 8 y que luego resulten 80.

  • –Lo haría yo, pero no tengo el sello.

keep-calm-translateLa estrella de las frases mal escogidas; la joya de la corona.
Si bien es, en cierta medida, factible que el cliente tenga conocimientos lingüísticos en la lengua de partida y en la lengua de llegada que le permitan, con más o menos tiempo y esfuerzo, realizar una traducción medianamente inteligible de su documento, un TI-J no se limita a traducir. Es, además, un fedatario público, sus traducciones tienen la misma validez que el documento original y su trabajo acarrea responsabilidad civil.

El TI-J tiene que superar un duro examen en el MAEC mediante el cual acredita sus capacidades orales y escritas en las dos lenguas de su combinación, una serie de conocimientos teórico-prácticos intrínsecos a la profesión de Traductor e Intérprete y, además, conocimientos en otras áreas como el Derecho o la Economía.

Eso sí: El examen es público y abierto a cualquiera que tenga una formación académica mínima acreditada; tan mínima como que basta con el Bachillerato. Así que, si unos tienen el sello y otros no, por algo será.

En muchas ocasiones nos enfrentamos también a barreras culturales, el gran desconocimiento que hay sobre nuestra profesión, el tremendo intrusismo que nos asola… Pero esos serán temas para próximos artículos ya.

Bibidi Babidi Bu

 

Sobre el autor: Ángela Sola Bravo de Vigo, es desde 1999 traductora intérprete jurada de portugués y traductora intérprete de gallego e inglés. Esta especializada en las traducciones jurídicas, legales y financieras, y también proporciona asesoramiento sobre los trámites relacionados con la traducción jurada. Puedes contactarla ahora.


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