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Solicitud de alta en el directorio de traductores-intérpretes jurados

La inclusión de datos está sujeta a revisión. La publicación está destinada exclusivamente a los traductores-intérpretes jurados nombrados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y las autoridades autonómicas con competencia para ello en España.


Si quieres aumentar tu exposición en la búsqueda, añade el idioma o idiomas de habilitación, siguiendo este ejemplo: Juan Nadie, inglés, francés, alemán



Escribe lo que consideres relevante para tu presentación. Recuerda que si estás habilitado para varios idiomas puedes incluir aquí esta información.




Introduce la fecha de tu nombramiento, por ejemplo: 30 de octubre de 2001.



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¿Vale lo que cuesta?

Creo que todos, con más o menos frecuencia, nos enfrentamos a que se cuestione nuestro trabajo, pero no por su calidad, sino por su precio: el cliente no entiende por qué una traducción jurada vale lo que cuesta. Sobre todo, considerando que “podría hacerlo él mismo” y solo le entregamos unos folios impresos. Suele flotar en el aire una vaga sensación de suspicacia y notamos que el cliente opina que lo estamos timando y nos estamos aprovechando de su necesidad. Al fin y al cabo, las traducciones juradas no se hacen por capricho, sino por imperativo.

 

Lo habitual es que nos enojemos, tachemos al cliente de palurdo que no saben ni qué contrata y que nos ofendamos cual diva de opereta herida en su orgullo.

No obstante, puesto que se trata de un episodio recurrente, quizás deberíamos replantearnos nuestro enfoque y ponernos del otro lado: ¿Por qué nuestro trabajo vale lo que cuesta; cómo justificamos nuestros honorarios y la valía de nuestro producto?

Vale-lo-que-cuestaEn los tiempos que corren, justificar las tarifas de traducción, y más jurada, un oficio aparentemente abocado a la extinción, es cada día más difícil: cada vez hay más herramientas de traducción asistida y automática, que facilitan enormemente el trabajo de los traductores —sí, incluso de los que partimos de documentos impresos— e incrementan su productividad. Sin embargo, toda esta ayuda todavía no ha conseguido aportar la calidez, el toque humano que hacen que un texto se lea fácil y cómodamente, con naturalidad. No reparamos en esta circunstancia hasta que realmente nos encontramos con un texto que parece salido de la boca del Maestro Yoda o C-3PO.

Por otro lado, en nuestro sector abundan los “aficionados”, traductores “amateurs”, personas que, con un diccionario bilingüe de bolsillo y algunas nociones de idiomas, además de una fe ciega en la inspiración divina, consideran traducir una actividad menor, asequible a cualquiera para redondear los ingresos del mes. Como no tributan y sus conocimientos de la profesión y el mercado son nulos, aceptan cualquier tarifa que les ofrezcan, u ofrecen ellos mismos unas tarifas irrisorias. Al fin y al cabo, será todo beneficio.

Estamos hartos de ver por doquier anuncios, artículos, comentarios en este sentido, algunos muy ofensivos para los profesionales del sector. Y no nos cansamos de denunciarlo en las redes sociales de listajurados.es.

El quid de la cuestión es que, en general, el cliente desconoce cuáles son los parámetros de calidad que debe tener un texto. Los atropellos ortográficos y gramaticales campan a sus anchas hoy en día, en cualquier idioma y en casi todos los ámbitos. La presencia de erratas, faltas de ortografía, incorrecciones de lo más básico, tanto en las comunicaciones privadas como públicas —medios de comunicación de masas, redes sociales, documentos oficiales, documentación de todo tipo…— es habitual. A nadie extraña y, lo que es peor, a fuerza de uso, van fijándose en nuestras mentes.

Con respecto al documento original, si bien quien encarga la traducción puede tener nociones del idioma, lo normal es que carezca del bagaje cultural y el conocimiento exhaustivo de usos lingüísticos, terminología específica, registros y matices que un traductor profesional sí tiene. A quien encarga una traducción normalmente le vale con que “se entienda”… Y la verdad es que ahí el umbral está muy bajo: lo medio-entendemos casi todo y nos llega.

Pero nuestro trabajo no consiste únicamente en medio-entender, en intercambiar una palabra por otra. En la traducción, también en la jurada, debemos ir un paso más allá, asociar contextos, servir de puente entre culturas y no meramente entre idiomas.

¿Qué pagamos, entonces, cuando contratamos una traducción o interpretación jurada?

Antes de nada, la garantía de estar contratando a un traductor profesional, con el refrendo del Ministerio de Asuntos Exteriores (o la autoridad autonómica competente en el caso de las lenguas cooficiales del Estado), que cumple con sus obligaciones tributarias y al que, en caso de que surja cualquier problema, siempre podremos reclamar.

Por otro lado, contratamos exhaustividad: el documento traducido refleja íntegramente el contenido del original. Y contratamos, asimismo, fidelidad y corrección: una traducción jurada nos garantiza una correspondencia fiel y exacta entre el documento original y el documento que recibimos. Dicha exactitud se refiere a utilizar la acepción correcta de un término, adecuada al contexto y al ámbito terminológico.

Además, una traducción jurada es un documento oficial, con la misma validez legal que el documento original del que parte. Y una traducción jurada acarrea una responsabilidad civil, pues da fe del contenido del texto original. Lo mismo que la función notarial, aunque a nosotros no nos competen las tareas de elevación a público y custodia (con la salvedad de la LOPD). Bien es cierto, no obstante, que guardamos nuestros documentos, originales y traducidos, como oro en paño, para posibles reimpresiones y como referencia para otros trabajos.

Una traducción jurada conlleva, además, una garantía jurídica. Su jura, firma y sello son un marchamo que nos garantiza su oficialidad, legalidad y validez ante cualquier organismo en España y en el extranjero, tras ser debidamente legalizada.

Así pues, el valor de una traducción jurada no se establece según criterios lingüísticos exclusivamente, sino que hay una serie de factores asociados que aportar valor al documento que recibimos.

Sobre el autor: Ángela Sola Bravo de Vigo, es desde 1999 traductora intérprete jurada de portugués y traductora intérprete de gallego e inglés. Esta especializada en las traducciones jurídicas, legales y financieras, y también proporciona asesoramiento sobre los trámites relacionados con la traducción jurada. Puedes contactarla ahora.

Lector: Andrea Gutiérrez Pérez, también de Vigo, es traductora intérprete jurada de inglés. Puedes contactarla ahora.  


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