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Solicitud de alta en el directorio de traductores-intérpretes jurados

La inclusión de datos está sujeta a revisión. La publicación está destinada exclusivamente a los traductores-intérpretes jurados nombrados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y las autoridades autonómicas con competencia para ello en España.


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De fuera vendrán…

Uno de los principales problemas con los que tiene que enfrentarse nuestra profesión —y que el proyecto colaborativo ListaJurados.es pretende paliar— es el desconocimiento.

law_cartoon_R Las personas no saben que existimos hasta que se ven en la necesidad de contratar a un Traductor-Intérprete Jurado y ni saben por dónde empezar a buscar. Los propios profesionales del Derecho (abogados, procuradores, pasantes…), los propios funcionarios ignoran qué hacemos, por qué somos necesarios, para qué servimos. Cuando se ven en la tesitura de localizar a un TI-J, su mejor idea es consultar las páginas amarillas en la A, de Academias de idiomas. Lo cual, a veces, incluso les funciona y todo.

Así que, hace unos meses, me llamaron para un  mismo juicio con diferencia de unos 7 días.

Primera llamada:

—     Hola. La llamamos del bufete… Tenemos un juicio la próxima semana en el cual una de las partes, nuestros clientes, y los testigos principales son portugueses. Aunque entienden y se expresan medianamente bien en castellano, queremos que puedan hablar cómodamente en su propio idioma. Así que necesitamos la asistencia de una Intérprete Jurada. ¿Está usted disponible? ¿Nos podría indicar sus condiciones?

¡Bien!

Segunda llamada, a la semana siguiente:

—     Hola. Te llamamos de Empresa Adjudicataria [nombre ficticio]. Tenemos mañana un juicio y necesitamos interpretación de portugués. Nuestras condiciones son…

¡Mal! “Muy amables; pero no estoy disponible”.

Mis clientes me contratan noche en hotel de cuatro estrellas, el mismo en el que ellos están alojados, con cena y desayuno incluidos, se hacen cargo de mis gastos de desplazamiento y pagan sin objeciones la tarifa que les propongo.

Así que, descansada y fresca como una lechuga, al día siguiente, comparezco a la hora y en el lugar acordado, a 10 m del hotel. Allí estaban la parte, la contraparte, los correspondientes abogados y procuradores, los testigos, yo y una chica de aspecto desubicado, con las bolsas de compra y una carpetilla de plástico con folios impresos en su interior.

La secretaria de la sala llama a las partes y estas indican que traían intérpretes para las declaraciones que se iban a realizar en portugués. Nos piden los documentos de identificación. Yo entrego mi DNI y mi carné de TI-J y la chica con las bolsas de súper se acerca y saca un NIE. Ella era la otra intérprete.

Empieza el juicio, un juicio por usurpación de imagen de marca, nada menos, y llaman a testificar a una experta traída ex profeso desde Portugal. La parte demandada se niega a que yo intervenga, alegando que ellos no me habían contratado, que desconfiaban de mi honradez, puesto que me habían contratado los demandantes, y que no querían que yo luego les reclamase a ellos, demandados, mis honorarios. Que ellos traían a su propia intérprete y era a la que querían utilizar.

Después de una agria discusión sin gran sentido, la jueza acabó cediendo, más por desgaste que por convencimiento, y empezó la declaración de la testigo. La intérprete en cuestión no hablaba ni español, ni portugués. Se quedaba callada o, como mucho, repetía, balbuceando, retazos de lo que acababa de oír. Sus propios contratantes estaban atónitos, pero no daban el brazo a torcer. Mis clientes me miraban desesperados y protestaban en cada intervención. Al final la propia jueza pidió a la testigo que hiciese el esfuerzo de declarar en castellano, porque a la intérprete no se la entendía ni un poquito y, para más inri, sus contratantes le habían dado unas pautas por escrito que ella iba leyendo.

Por fin los demandados concluyeron y comenzó mi intervención. Y se escuchó claramente un suspiro de alivio en la sala. A partir de ahí la sesión avanzó con rapidez y claridad y en 10 minutos habíamos terminado.

Los demandados llegaron hasta Empresa Adjudicataria a través del propio juzgado. Se dieron cuenta a un día del juicio (¡nunca es tarde!; o quizás sí) de que iban a necesitar interpretación, preguntaron en el juzgado si la facilitaban ellos y del juzgado les contestaron: “¿Juicio mercantil; vuestros testigos? Nanai de la China. Pero podéis llamar a esta empresa…”

Error; horror.

Que la chica de las bolsas de la compra está en todo su derecho de buscarse la vida como mejor pueda. Pero, señores abogados de la parte demandada; señores con poder decisorio en las licitaciones del servicio de interpretación para juzgados y tribunales: si consideran más que justificados sus honorarios y que ustedes valen hasta el último céntimo que cobran, ¿por qué ese menosprecio al trabajo ajeno? ¿No les chirría un poco que una empresa les ofrezca los duros ya no a cuatro pesetas, sino a peseta?

Un TI-J profesional tiene formación superior en diversos ámbitos, que abarcan el Derecho, la Economía, la Traducción y la Interpretación y sus técnicas (una de las actividades más complejas y especializadas que existen). Está permanentemente reciclándose, ampliando sus estudios y conocimientos, mejorando y actualizándose. Todo eso contribuye a que ofrezca un servicio de calidad, pero exige una inversión en tiempo y dinero que, obviamente, debe reflejarse en su tarifa.

Si contratamos la interpretación con cualquier, pues el resultado será ese, cualquiera. Totalmente incierto y aleatorio. Si contratamos profesionales, tendremos unas mínimas garantías aseguradas.

Sobre el autor: Ángela Sola Bravo de Vigo, es desde 1999 traductora intérprete jurada de portugués y traductora intérprete de gallego e inglés. Esta especializada en las traducciones jurídicas, legales y financieras, y también proporciona asesoramiento sobre los trámites relacionados con la traducción jurada. Puedes contactarla ahora.



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